Marketing político y megadatos

Washington – En una elección, cada voto cuenta… por eso hay que conocer al elector y adaptar el discurso para convencerlo.

En los años 50 en Estados Unidos, el político se convirtió en un producto y el elector, en un objetivo; las herramientas del marketing político eran los sondeos y los spots televisivos.

En 2008, la campaña de Barack Obama marcó un antes y un después: usó las redes sociales de forma masiva y sobre todo los megadatos, que hacen referencia al almacenamiento de grandes cantidades de datos extremadamente diversos y precisos.

Los datos pueden ser públicos, como listas electorales, o privados, es decir, información que las empresas recolectan a través de las redes sociales, las compras en internet o el historial de navegación que revela los hábitos y gustos de las personas.

Luego se cruzan los datos y se agrupan en programas que establecen un perfil detallado de cada ciudadano y se los clasifica en grupos y subcategorías: los solteros adictos a la tecnología, los jubilados eco-responsables o las familias que consumen cultura.

Obama llegó a fichar a 220 millones de personas, es decir, la casi totalidad del cuerpo electoral, al cruzar su propia base de datos con informaciones comerciales, étnicas o religiosas.

Sus equipos lograron identificar a los indecisos y a los electores ya convencidos del bando contrario.

El objetivo es uno: definir las zonas de campaña prioritarias para ir a puerta a puerta hacia los ciudadanos indecisos, adaptando la argumentación en función de su perfil.

Donald Trump y Hillary Clinton también han usado ese tipo de técnica, al igual que Nicolas Sarkozy en 2016.
Para las presidenciales de 2017, muchos candidatos se han equipado de estos programas y captan electores gracias al envío de mails temáticos.

En Europa, y especialmente en Francia, las leyes de protección de datos individuales incluyen el sistema de metadatos.

Teóricamente, los ciudadanos deben dar su autorización para que se utilice un dato suyo, pero en la práctica, estas reglas generalmente no se cumplen.