Europa ante las cuotas de inmigración, un sistema habitual en nuevas sociedades

París – Muy corrientes en las nuevas sociedades, sobre todo en países anglosajones, las políticas de cuotas de inmigración económica se practican en pocas naciones de la Unión Europea, cuyos Estados miembros tienen dificultades para tratar este tema con una sola voz.

Desde la famosa green-card estadounidense hasta el sistema de puntos austriaco, he aquí algunos ejemplos alrededor del mundo:

La ‘green-card’ estadounidense

Este permiso de residencia y trabajo, uno de los más codiciados del mundo, responde a un sistema de asignación aleatoria que favorece a aquellos países que han enviado pocos inmigrantes a Estados Unidos en el último lustro.

El sorteo, que determina a 55.000 ganadores cada año, completa un primer sistema de selección.  Los ganadores deben demostrar un nivel de educación equivalente por lo menos a un bachillerato o dos años de trabajo en un puesto que requiera cierta capacitación.

Es posible obtener otros visados de trabajo fuera de esta lotería, que también tienen sistemas de cuotas. Cada año se entregan además 65.000 visas temporales para empleos especializados, para los que es necesario contar con formación superior.

Canadá y Australia

Una parte de la inmigración económica a Canadá responde a una lógica numérica muy precisa: cada año, el gobierno establece un cupo para los nuevos residentes permanentes que el país acogerá. En 2019 ascendió a 330.000 personas, contra 310.000 el año anterior.

Sobre esta cifra, alrededor del 60% de los trabajadores son seleccionados de acuerdo a sus competencias, el resto queda reservado para la reunificación familiar y refugiados.  Para 2019, por ejemplo, el gobierno canadiense ha buscado 81.400 «trabajadores muy cualificados».

Para obtener este documento es necesario cumplir con seis criterios de selección, vía un sistema de puntuación, que requiere competencias lingüística, nivel de estudios y experiencia profesional.

Australia practica una política similar, con un cupo de 160.000 inmigrantes, entre los cuales se espera que el 70% contribuya a «mejorar la capacidad productiva de la economía y cubrir la escasez (de determinados perfiles) en el mercado laboral».

Una ‘blue card’ europea aún confidencial

Vigente desde 2009, la «tarjeta azul» de la Unión Europea es un permiso de residencia (y trabajo) que se entrega a trabajadores altamente cualificados para residir en un país del bloque.

El objetivo de este sistema de inmigración selectiva es competir frontalmente con la green-card estadounidense y animar a los trabajadores cualificados a elegir Europa.

Pero, aparte de Alemania y sus 27.000 permisos emitidos en 2018, los otros países europeos casi no utilizan este mecanismo. Polonia y Francia, segundo y tercero, han emitido poco más de 1.500 de estos permisos en 2018, según la oficina de estadísticas de la Comisión Europea.

Varios sistemas conviven en la UE

Además de este sistema comunitario, cada país de la UE tiene sus propias reglas en materia de inmigración económica, para facilitar el reclutamiento de mano de obra calificada. Una docena de países ya aplica políticas de cuotas.

En Estonia, por ejemplo, la regla es simple: no más del 0,1% de la población actual, o sea, 1.315 personas en 2019. Austria, por su parte, ha introducido un sistema para trabajadores muy calificados o que puedan ser empleados según una lista de 45 oficios en los que escasea la mano de obra.

Hungría, que enfrenta la emigración hacia Europa occidental, prevé otorgar 75.000 permisos de trabajo en 2019. Frente a un problema similar, República Checa también se ha convertido a una política de cuotas, en particular para los trabajadores provenientes de la vecina Ucrania.

La legislación portuguesa también prevé un sistema de cuotas, de acuerdo a las necesidades de mano de obra. En 2019, la cifra alcanzó las 8.200.