España, a las puertas de volver a la cúpula del Banco Central Europeo

Bruselas – El ministro español Luis de Guindos se convirtió el 19 de febrero en el único aspirante a la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE), un cargo que de asumirlo supondría el regreso de España a la cúpula de la institución monetaria y la controvertida entrada de un político.

El actual gobernador del Banco Central de Irlanda, Philip Lane, era el único escollo en el camino al BCE para el artífice de los dacronianos planes de austeridad aplicados en España después del rescate europeo del sector bancario en 2012, pero Irlanda tiró la toalla en el último momento.

«El Eurogrupo respaldó a Luis de Guindos para la próxima vacante de vicepresidente del BCE», anunció en rueda de prensa Mário Centeno, presidente del llamado Eurogrupo, que reúne a los ministros de Finanzas del euro y encargado de avalar un candidato al puesto.

El Consejo de Asuntos Financieros (Ecofin) debía plasmar al día siguiente ese aval en una propuesta formal a los mandatarios europeos, que en una cumbre el 22 y el 23 de marzo nombrarán finalmente al sucesor de Vítor Constâncio por ocho años a partir de junio.

La cuarta economía de la eurozona se encamina así a recuperar el sillón perdido en el comité ejecutivo del instituto emisor en diciembre de 2012, cuando un eventual rescate europeo sobrevolaba una España hundida en la recesión y en plena crisis de la deuda.

¿Y la independencia? 

«España ha recuperado muchísimo prestigio en los entornos comunitarios y este es un puesto importante, el BCE es la institución más importante dentro de la Unión Monetaria Europea», celebró De Guindos en rueda de prensa tras el aval de sus pares.

Su compañera de gobierno la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, lo definió incluso como el protagonista del «milagro de la recuperación económica» en España, país con un fuerte crecimiento económico (3,1% en 2017) pero un desempleo todavía por encima del 16% a finales del año pasado.

La llegada del economista nacido en Madrid en 1960 a la institución con sede en Fráncfort (Alemania) no está exenta de polémica sobre el impacto en su independencia de la entrada de un político, en un importante momento de renovación, incluida la de su presidente, Mario Draghi, el próximo año.

En una audición informal hace una semana a los entonces dos aspirantes, la comisión de Economía de la Eurocámara consideró «más convincente» la presentación del irlandés, visto como un candidato técnico, que la del político español.

De Guindos, el ministro más veterano del Eurogrupo, reiteró que defenderá la independencia del BCE, algo que ya está garantizado «desde el punto de vista institucional, desde el punto de vista operativo (…) por los estatutos y por el mandato que tiene el BCE».

«Alguien del norte»

En Bruselas, los ministros y el comisario europeo de Finanzas, Pierre Moscovici, se esforzaron en defender al español. «No cruzamos ninguna línea roja. (…) Pensamos que será el hombre adecuado en el lugar correcto», según el francés Bruno Le Maire.

Para despejar dudas futuras, el ministro español anunció su intención de dimitir en los «próximos días», de cara a su audiencia formal en la Eurocámara la próxima semana, y descartó haber realizado concesiones a los países que lo apoyaron, como Alemania, que aspiran a dirigir el BCE.

El gobernador del Bundesbank, Jens Weidmann, y su par galo, François Villeroy de Galhau, aparecen como candidatos a suceder a Draghi y, a juicio de Philippe Waechter, director de investigación económica de Natixis, la designación de De Guindos implicaría «nombrar a alguien del norte al frente del BCE».

La Eurocámara, que quiere un mayor peso en la elección de la cúpula del BCE, no perderá además la ocasión de seguir presionando por encontrar un equilibrio de género, máxime cuando la única miembro del directorio de seis cargos es la alemana Sabine Lautenschläger.

En 2012, los eurodiputados rechazaron en vano por el mismo motivo la candidatura del luxemburgués Yves Mersch, quien se impuso al español Antonio Sáinz de Vicuña por un sillón en el comité ejecutivo del BCE y cuyo nombramiento supuso la salida de España de su cúpula.

Por Toni Cerdà