Dos años después, el reto de la acogida de refugiados sigue sacudiendo a Alemania

Berlín – El estudiante sirio Moataz Ghannam cree que muchos alemanes no entendieron a la canciller Angela Merkel cuando pronunció su famosa frase «podemos conseguirlo», en momentos en que la llegada de refugiados al país tocaba su punto máximo.

«Yo no lo veo como un hecho -‘podemos hacerlo ahora’-, sino como un objetivo: todos necesitamos trabajar juntos, refugiados y alemanes», afirmó el joven, de 27 años.

La odisea de Ghannam desde su país, arrasado por la guerra, hasta la mayor potencia económica de Europa representa una completa historia de éxito. Recientemente fue invitado a participar en un comité, junto a Merkel, para evaluar los progresos efectuados en los últimos dos años.

Ghannam podrá terminar su carrera en administración de empresas en una universidad privada de Berlín, en parte gracias a la ayuda de la organización sin ánimo de lucro Kiron Open Higher Education, con sede en la capital alemana, que ayuda a 2.700 estudiantes extranjeros, más del 40% de los cuales sirios.

En un alemán fluido, Ghannam explicó que, en su opinión, el mensaje de Merkel, que se mostró confiada con la capacidad de Alemania para acoger a los refugiados, había forzado a muchos a afrontar su miedo a lo desconocido.

«Alemania es una tierra de oportunidades, pero tienes que hacer un esfuerzo, no puedes quedarte sentado en casa o esperar algo de la oficina del paro», declaró.

Alrededor de 200.000, de más del millón de refugiados llegados al país desde 2015, han encontrado un empleo legal hasta la fecha, aunque las previsiones para el resto varían sensiblemente.

Cultura de acogida

A finales del verano de 2015, miles de personas que habían huido de la guerra y la miseria llegaban cada día a las estaciones de tren alemanas. Allí eran recibidos por multitudes de personas que les daban la bienvenida y el aflujo dio lugar al nacimiento de una nueva palabra, «Willkommenskultur» (cultura de acogida), probando que su país estaba en el lado bueno de la Historia.

Pero también se produjo una oleada de hostilidad y de caos, especialmente en el empobrecido este del país, antaño comunista. Multitud de centros de refugiados fueron incendiados y numerosos solicitantes de asilo han recibido amenazas en algunas áreas rurales.

Una serie de agresiones sexuales en la Nochevieja de 2015 en Colonia, de las que se responsabilizó a migrantes norteafricanos, y varios atentados islamistas amenazaron con acabar con el sentimiento de tolerancia y de solidaridad.

El número de llegadas se ha reducido a causa del cierre de la llamada ruta de los Balcanes y de la firma de un controvertido pacto con Turquía para frenar el flujo.

Tablero político cambiado 

Markus Kressler, cofundador de Kiron, afirmó que el programa persigue que todos los esfuerzos iniciales para la integración de los refugiados no caigan en saco roto.

«No queremos tener que apoyarnos en la idea de que el espíritu del ‘podemos conseguirlo’ vaya a durar, pues este siempre se da al principio de situaciones de crisis, pero luego el clima político cambia», indicó.

La conservadora CDU de la canciller alemana y su aliado bávaro CSU se impusieron a finales de de septiembre en las elecciones legislativas alemanas, aunque con su victoria más débil en casi 70 años, con un 33% de los votos, ocho puntos por debajo de lo obtenido en 2013.

Los diputados del AfD, el partido de extrema derecha antislam y antimigración, ocupó un histórico tercer lugar  (12,6% de votos, por detrás de los socialdemócratas, con un 20,5%), y entraron por primera vez desde el final el fin de la Segunda Guerra Mundial en el Bundestag, la cámara baja.

Ante la presión de su familia política conservadora, que reclamaba un endurecimiento de su política migratoria tras las recientes elecciones legislativas, Angela Merkel aceptó a principios de octubre por primera vez establecer un objetivo anual de refugiados acogidos en Alemania.

Por Deborah Cole