Abandonar la UE, un hecho inédito

Londres – Desde 2009, los tratados prevén que todo Estado puede decidir, unilateralmente, retirarse de la Unión Europea. Una vez que se toma la decisión, comienzan dos años de negociaciones, prorrogables, durante los que el Estado y el bloque deben definir los términos de su nueva relación.

Las negociaciones son similares a un divorcio complicado, considerando lo imbricado de las legislaciones nacionales y comunitarias, la profundidad de los lazos en sectores tan variados como la economía, las finanzas, la seguridad, el ámbito social, medioambiental o cultural.

Esto significa negociar un acuerdo bilateral a medida.

El país saliente puede demandar la adhesión a un espacio ya existente con relaciones privilegiadas con la UE.

Como el Espacio Económico Europeo, que garantiza a Islandia, Noruega y Lichtenstein la libre circulación de personas, bienes y servicios en el seno del mercado único europeo, pero a cambio ofrece poca influencia sobre la legislación comunitaria que deben respetar.

Si al final de las negociaciones no se alcanza ningún acuerdo, el país que se retira se convierte simplemente en un tercer país, como Estados Unidos o China.

El acceso privilegiado al mercado único es eliminado. Y finalizan también derechos específicos en materia de jubilación, residencia, trabajo y voto de los ciudadanos del Estado saliente en otros países y viceversa. Los derechos aduaneros se restauran.

A su vez existirán consecuencias sobre las relaciones entre el bloque y el país saliente: la Unión Europea suele adoptar en bloque sanciones contra terceros países y negocia en nombre de sus Estados miembro acuerdos en una cantidad de aspectos como el comercio, el transporte aéreo o el medioambiente.

Se trata de un proceso sin precedentes, ya que la Unión Europea no ha conocido hasta el momento más que ampliaciones.